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miércoles, 5 de febrero de 2014

Cuando lo mira

Desde pequeño Boris fue consciente de lo fácil que era quedarse mirando a Rafael cuando realmente no lo pretendía.
No entendía qué tenía de interesante. Rafael era -y es- quien más miedo le provoca. Carecía del vocabulario adecuado para expresar cuán aterrador podía ser ese hombre, y sin embargo ahí estaba, observándolo casi sin parpadear si quiera.
La única persona que lo entendía era su padre, porque a Egor le ocurría lo mismo.
Exactamente lo mismo.

-No porque te quedes mirándome todo el día, vas a conseguir algo, Boris. -se ríe, sinceramente divertido-. Cuando se quiere saber algo, normalmente basta con preguntar. Si tu padre siguiera con vida, dudo que le haga gracia que su adorado hijo sea tan poco honesto.
-Cállate.

domingo, 26 de enero de 2014

No es una duda

Muchas veces se me dijo que cada uno de mis errores, mis aciertos, mis dudas y certezas, todo mi actuar y mi inercia, se transformaría en pesos con los que he de cargar hasta el día de mi muerte. Lo cual, honestamente, encuentro un fiasco.
Si se supone que todas y cada una de nuestras vivencias debe enriquecernos y forjar quienes somos, ¿por qué ver aquello como una carga? Y de igual forma, ¿no somos lo suficientemente libres como para elegir cargar con ellos o no?
Puede que sí, puede que no, pero a veces pensar algo tan complicado me provoca dolor de cabeza y un tedio enorme. De esa forma es preferible no preocuparse por tonterías que de todos modos ocurrirán y disfrutar de lo que tengo por delante, ¿no?
Evaluar, elegir, desechar.
No es que haya sido especialmente quisquilloso toda mi vida, simplemente me reservo el derecho de arrojar a la basura todo lo que ya no tenga importancia. Familia incluida, jaja.
Lo gracioso del asunto es que mi maestro y mis hermanos muchas veces me dijeron, o expresamente se quejaron en mi cara de cuán sangre fría podía llegar a ser, lo cual no veo cómo es motivo de conflicto. Me considero una persona sensata y práctica, pero si soy honesto, verlos discutir sobre ello era especialmente gracioso.
"No puedes decir esas cosas en un momento así Rafael, piensa en los demás."
"Algún día esto te pasará la cuenta."
"Te lo digo ahora, hermano, vas a conseguir que te maten con esa bocota tuya."
Oh, pero vean. ¡Vean bien! Cuán adorables pueden ser cuando se preocupan por mi seguridad, cuán fantásticamente cercanos se muestran y se sienten, y yo por supuesto, estoy agradecido, pero no menos fascinado.
Solo piensen. ¡Piensen!
Piensen en qué clase de cara pondrán, en qué pensarán, ¡qué sentirán cuando la verdad los golpee en los dientes y les destroce las piernas!
Jajaja.
Tan solo desearía estar en primera fila cuando eso ocurra.

martes, 24 de diciembre de 2013

¿Quién llama?

He estado pensando en Rafael de nuevo.

Demonios.

Recuerdo esa tarde en que él, Boris y Batou regresaban de visitar la tumba de Egor, y recuerdo muy bien que el camino de vuelta -esos largos, largos casi cuarenta kilómetros que toma llegar desde el cementerio del clan hasta la el corazón de Denkova- él les dijo la verdad. Les dijo la historia de porqué Egor estaba bajo tierra, de porqué él aún estaba allí, respirando y fingiendo que todo iba a las mil maravillas.

Recuerdo que ni a Boris ni a Batou les importó mucho. Seguramente ya lo sabían, o como mínimo sospechaban de la verdad. Y es que a veces Rafael puede ser un libro abierto, pero no de esos que quieras leer. Es de esos de los que debes alejarte porque todas y cada una de las letras que componen su historia, son pequeñas dagas que se incrustan en tu piel y escarban hasta tus huesos y te arrastran hasta la profunda oscuridad de la locura.

Y también recuerdo que -quise reírme pero no lo hice- ellos dos simplemente miraron a Rafael y luego se miraron el uno a la otra, y suspiraron. Porque estaban aburridos de que Rafael creyera que nadie sabe lo que pasa por su desastrosa mente.

Pero ellos entienden. Ellos entienden muy bien.

Ellos saben que ese hombre de pie frente a ellos, incapaz de derramar otra lágrima, lo único que necesita es alguien que le recuerde que no está solo.

Porque, sí, así de patético puede ser. Y así de magnífico es realmente.

domingo, 2 de octubre de 2011

Ese silencio...


"Desearía que hubiera una mejor palabra que "perdón", pero entonces probablemente necesitaré una mejor que esa"

He estado pensando mucho en Rafael últimamente, tanto en él como en sus hermanos.
Una vez le escuché a Gabriel decir: "el hecho de que admitas que lo lamentas, no significa que yo dejaré de hacerlo"
Pedir perdón no cambia las cosas, ni arregla ese error que te perseguirá por siempre, pero quizás ayude a sanar esa punzada en tu corazón.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Maestro y monstruo



En eso se habían convertido, por irónico que suene. Incluso él estaba sorprendido de lo fácil que había resultado todo, esperaba algo más pomposo, más estrafalario, pero lo único anormal en el ambiente fue una extraña ráfaga de viento que sacudió los árboles de la cercanía y el techo de las casas con bastante ruido; eso y una repentina incandescencia en su pecho que creció rápidamente y le recorrió todo el cuerpo.
Como giro inesperadamente retorcido y repentino, hizo lo que ningún otro miembro de la realeza había hecho jamás; era hilarante, ojala sus hermanos pudieran verlo, seguro no estarían precisamente felices.
Pero ya era bastante increíble que él le hubiese otorgado maestría a otro sobre él mismo. Tenía muy en claro que acababa de poner una cadena en su cuello y había renunciado a la llave sin siquiera preocuparse por la gravedad de lo que estaba haciendo.
La persona frente a él ahora era su maestro, su amo y señor hasta que se dijera lo contrario o la muerte de alguno de los dos lo librara de la servidumbre. Era descabellado, era inaudito, era... fantástico.
¡Fantástico!
Maestro y monstruo... jaja, no podía haber mejor denominación para lo que ellos eran. Para lo que él era.

lunes, 22 de agosto de 2011

Golpes



Hoy Gabriel vino a verme. Estaba intranquilo, muy nervioso y tenía cara de no haber dormido en los últimos dos días. Quería hablar conmigo, creí que sería algo largo, pero solo me habló de un sueño que tuvo. Soñó con uno de sus hermanos, pero no estaba seguro de cuál. Y mientras hablaba, me dio la sensación de estar en trance.
Todo parecía pausado, era como si su persepción de realidad estuviera averiada o simplemente apagada; daba la impresión de ser un sueño profundo. Solo que estaba demasiado cargado como para ser uno.
Cargado de olores, sonidos, y sensaciones desagradables.
Había fuego a su alrededor, gritos y dolor. No solo físico, que ese -aparte- le molestaba mucho a un costado del abdómen, sino también ese dolor insípido y desagradable que siempre se instala en el centro del pecho y se dispersa por todo el cuerpo. Luego vio dos figuras, discutiendo, luchando... y el sonido de un disparo cerca.
¿Quién estaba en frente suyo? ¿Rafael? ¿Miguel?
Sintió algo húmedo en la punta de sus dedos. Biscoso y frío. Alzó una mano y vio sangre.
Sangre en sus manos y su pecho. ¿Era suya? ¿O era de alguien más?
El sueño acababa ahí, luego todo se volvía negro.
Mientras hablaba, Gabriel lloraba. Con una mano se cubría el rostro, y con la otra sujetaba la mía con fuerza. Y aún ahora, esas imagenes lo persiguen mientras apoya su cabeza en mis piernas y... me ruega.

-Déjame despertar... por favor... -sollosó.
-No es un sueño. -le dije-. Es un recuerdo

jueves, 9 de junio de 2011

Brillo de mil espejos



Hubo un momento en que Rafael dijo: “No creo estar en la posición correcta para dar explicaciones.” Pues, sucede que yo tampoco, pero el hecho de que el recuerdo de ese hombre me venga a la cabeza justo en este momento, no ayuda para nada a bajar las revoluciones de cabreo que siento ahora.
Aunque no saco nada con enojarme con otros por cosas completamente mías, mejor sería que me pusiera a avanzar todas las cosas que tengo ultra mega atrasadas… y en serio, no me gusta para nada como esas pilas acumuladas me están mirando. Por que sí, me miran, con un aura malvada y resentida.
Hablando de quiebres comunicativos, otra vez he estado con las viejas visiones, una en particular me llamó mucho la atención.
Era la visión de un pincel con forma de chica. O quizás era una chica-pincel, una criatura con tinta en las venas y de sonrisa paralizada, cuyas manos plasmaban las mil y un historias que susurraban su alma y su corazón por separado. Tenía dedos casi mágicos con una fuerza aplastante, y a la vez tan frágiles como un copo de nieve, con ellos podía dejar trazos de palabras o simples manchas en todo aquello que tocara.
Ah, pero la sensación que su presencia transmitía era muy familiar. Sí, demasiado familiar.

—¿Y así osas llamarme charlatán a mí?
—Ah, cállate Rafael.