
Hubo un momento en que Rafael dijo: “No creo estar en la posición correcta para dar explicaciones.” Pues, sucede que yo tampoco, pero el hecho de que el recuerdo de ese hombre me venga a la cabeza justo en este momento, no ayuda para nada a bajar las revoluciones de cabreo que siento ahora.
Aunque no saco nada con enojarme con otros por cosas completamente mías, mejor sería que me pusiera a avanzar todas las cosas que tengo ultra mega atrasadas… y en serio, no me gusta para nada como esas pilas acumuladas me están mirando. Por que sí, me miran, con un aura malvada y resentida.
Hablando de quiebres comunicativos, otra vez he estado con las viejas visiones, una en particular me llamó mucho la atención.
Era la visión de un pincel con forma de chica. O quizás era una chica-pincel, una criatura con tinta en las venas y de sonrisa paralizada, cuyas manos plasmaban las mil y un historias que susurraban su alma y su corazón por separado. Tenía dedos casi mágicos con una fuerza aplastante, y a la vez tan frágiles como un copo de nieve, con ellos podía dejar trazos de palabras o simples manchas en todo aquello que tocara.
Ah, pero la sensación que su presencia transmitía era muy familiar. Sí, demasiado familiar.
—¿Y así osas llamarme charlatán a mí?
—Ah, cállate Rafael.

