jueves, 27 de noviembre de 2014
Recorded
As long as I'm alive, there will be a chance to find my path
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because fuck you that's why
miércoles, 5 de febrero de 2014
Cuando lo mira
Desde pequeño Boris fue consciente de lo fácil que era quedarse mirando a Rafael cuando realmente no lo pretendía.
No entendía qué tenía de interesante. Rafael era -y es- quien más miedo le provoca. Carecía del vocabulario adecuado para expresar cuán aterrador podía ser ese hombre, y sin embargo ahí estaba, observándolo casi sin parpadear si quiera.
La única persona que lo entendía era su padre, porque a Egor le ocurría lo mismo.
Exactamente lo mismo.
-No porque te quedes mirándome todo el día, vas a conseguir algo, Boris. -se ríe, sinceramente divertido-. Cuando se quiere saber algo, normalmente basta con preguntar. Si tu padre siguiera con vida, dudo que le haga gracia que su adorado hijo sea tan poco honesto.
-Cállate.
No entendía qué tenía de interesante. Rafael era -y es- quien más miedo le provoca. Carecía del vocabulario adecuado para expresar cuán aterrador podía ser ese hombre, y sin embargo ahí estaba, observándolo casi sin parpadear si quiera.
La única persona que lo entendía era su padre, porque a Egor le ocurría lo mismo.
Exactamente lo mismo.
-No porque te quedes mirándome todo el día, vas a conseguir algo, Boris. -se ríe, sinceramente divertido-. Cuando se quiere saber algo, normalmente basta con preguntar. Si tu padre siguiera con vida, dudo que le haga gracia que su adorado hijo sea tan poco honesto.
-Cállate.
martes, 28 de enero de 2014
La canción
Me pregunto, me pregunto.
Quiero saber, déjame saber.
Entre ellos, entre aquellos.
Dime, dinos, ¡anuncia!
El que corre, el que camina,
el que se detiene aquí y ahora.
Toca, escucha, siente la caricia.
¿Quién será la siguiente Alicia?
domingo, 26 de enero de 2014
No es una duda
Muchas veces se me dijo que cada uno de mis errores, mis aciertos, mis dudas y certezas, todo mi actuar y mi inercia, se transformaría en pesos con los que he de cargar hasta el día de mi muerte. Lo cual, honestamente, encuentro un fiasco.
Si se supone que todas y cada una de nuestras vivencias debe enriquecernos y forjar quienes somos, ¿por qué ver aquello como una carga? Y de igual forma, ¿no somos lo suficientemente libres como para elegir cargar con ellos o no?
Puede que sí, puede que no, pero a veces pensar algo tan complicado me provoca dolor de cabeza y un tedio enorme. De esa forma es preferible no preocuparse por tonterías que de todos modos ocurrirán y disfrutar de lo que tengo por delante, ¿no?
Evaluar, elegir, desechar.
No es que haya sido especialmente quisquilloso toda mi vida, simplemente me reservo el derecho de arrojar a la basura todo lo que ya no tenga importancia. Familia incluida, jaja.
Lo gracioso del asunto es que mi maestro y mis hermanos muchas veces me dijeron, o expresamente se quejaron en mi cara de cuán sangre fría podía llegar a ser, lo cual no veo cómo es motivo de conflicto. Me considero una persona sensata y práctica, pero si soy honesto, verlos discutir sobre ello era especialmente gracioso.
"No puedes decir esas cosas en un momento así Rafael, piensa en los demás."
"Algún día esto te pasará la cuenta."
"Te lo digo ahora, hermano, vas a conseguir que te maten con esa bocota tuya."
Oh, pero vean. ¡Vean bien! Cuán adorables pueden ser cuando se preocupan por mi seguridad, cuán fantásticamente cercanos se muestran y se sienten, y yo por supuesto, estoy agradecido, pero no menos fascinado.
Solo piensen. ¡Piensen!
Piensen en qué clase de cara pondrán, en qué pensarán, ¡qué sentirán cuando la verdad los golpee en los dientes y les destroce las piernas!
Jajaja.
Tan solo desearía estar en primera fila cuando eso ocurra.
Si se supone que todas y cada una de nuestras vivencias debe enriquecernos y forjar quienes somos, ¿por qué ver aquello como una carga? Y de igual forma, ¿no somos lo suficientemente libres como para elegir cargar con ellos o no?
Puede que sí, puede que no, pero a veces pensar algo tan complicado me provoca dolor de cabeza y un tedio enorme. De esa forma es preferible no preocuparse por tonterías que de todos modos ocurrirán y disfrutar de lo que tengo por delante, ¿no?
Evaluar, elegir, desechar.
No es que haya sido especialmente quisquilloso toda mi vida, simplemente me reservo el derecho de arrojar a la basura todo lo que ya no tenga importancia. Familia incluida, jaja.
Lo gracioso del asunto es que mi maestro y mis hermanos muchas veces me dijeron, o expresamente se quejaron en mi cara de cuán sangre fría podía llegar a ser, lo cual no veo cómo es motivo de conflicto. Me considero una persona sensata y práctica, pero si soy honesto, verlos discutir sobre ello era especialmente gracioso.
"No puedes decir esas cosas en un momento así Rafael, piensa en los demás."
"Algún día esto te pasará la cuenta."
"Te lo digo ahora, hermano, vas a conseguir que te maten con esa bocota tuya."
Oh, pero vean. ¡Vean bien! Cuán adorables pueden ser cuando se preocupan por mi seguridad, cuán fantásticamente cercanos se muestran y se sienten, y yo por supuesto, estoy agradecido, pero no menos fascinado.
Solo piensen. ¡Piensen!
Piensen en qué clase de cara pondrán, en qué pensarán, ¡qué sentirán cuando la verdad los golpee en los dientes y les destroce las piernas!
Jajaja.
Tan solo desearía estar en primera fila cuando eso ocurra.
lunes, 6 de enero de 2014
Hacia adelante
Es interesante observar la forma en que los pasos desesperados de una carrera hacia lo desconocido suele deformar el suelo que queda atrás.
En esta época del año hay muchas hojas cayendo, marchitas y tiesas, y el sonido crujiente que hacen al ser pisoteadas es -de una forma que me cuesta explicar-, placentero.
Y destrozarlas entre tus dedos es igual de gratificante, pero lo que más llama mi atención son esas personas que corren, apoyando sus temblorosas manos en los muros negros, negros del laberinto. Tan altos que se pierden en el cielo, tan altos que tocan las nubes.
Imagino que desde allá arriba es imposible ver cuando algún extraviado cubre las hojas del otoño de sangre espesa, roja, roja, y las hojas dejan de crujir, se ablandan y tiñen.
Entonces ya no es tan placentero aplastarlas.
En esta época del año hay muchas hojas cayendo, marchitas y tiesas, y el sonido crujiente que hacen al ser pisoteadas es -de una forma que me cuesta explicar-, placentero.
Y destrozarlas entre tus dedos es igual de gratificante, pero lo que más llama mi atención son esas personas que corren, apoyando sus temblorosas manos en los muros negros, negros del laberinto. Tan altos que se pierden en el cielo, tan altos que tocan las nubes.
Imagino que desde allá arriba es imposible ver cuando algún extraviado cubre las hojas del otoño de sangre espesa, roja, roja, y las hojas dejan de crujir, se ablandan y tiñen.
Entonces ya no es tan placentero aplastarlas.
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martes, 24 de diciembre de 2013
¿Quién llama?
He estado pensando en Rafael de nuevo.
Demonios.
Recuerdo esa tarde en que él, Boris y Batou regresaban de visitar la tumba de Egor, y recuerdo muy bien que el camino de vuelta -esos largos, largos casi cuarenta kilómetros que toma llegar desde el cementerio del clan hasta la el corazón de Denkova- él les dijo la verdad. Les dijo la historia de porqué Egor estaba bajo tierra, de porqué él aún estaba allí, respirando y fingiendo que todo iba a las mil maravillas.
Recuerdo que ni a Boris ni a Batou les importó mucho. Seguramente ya lo sabían, o como mínimo sospechaban de la verdad. Y es que a veces Rafael puede ser un libro abierto, pero no de esos que quieras leer. Es de esos de los que debes alejarte porque todas y cada una de las letras que componen su historia, son pequeñas dagas que se incrustan en tu piel y escarban hasta tus huesos y te arrastran hasta la profunda oscuridad de la locura.
Y también recuerdo que -quise reírme pero no lo hice- ellos dos simplemente miraron a Rafael y luego se miraron el uno a la otra, y suspiraron. Porque estaban aburridos de que Rafael creyera que nadie sabe lo que pasa por su desastrosa mente.
Pero ellos entienden. Ellos entienden muy bien.
Ellos saben que ese hombre de pie frente a ellos, incapaz de derramar otra lágrima, lo único que necesita es alguien que le recuerde que no está solo.
Porque, sí, así de patético puede ser. Y así de magnífico es realmente.
Demonios.
Recuerdo esa tarde en que él, Boris y Batou regresaban de visitar la tumba de Egor, y recuerdo muy bien que el camino de vuelta -esos largos, largos casi cuarenta kilómetros que toma llegar desde el cementerio del clan hasta la el corazón de Denkova- él les dijo la verdad. Les dijo la historia de porqué Egor estaba bajo tierra, de porqué él aún estaba allí, respirando y fingiendo que todo iba a las mil maravillas.
Recuerdo que ni a Boris ni a Batou les importó mucho. Seguramente ya lo sabían, o como mínimo sospechaban de la verdad. Y es que a veces Rafael puede ser un libro abierto, pero no de esos que quieras leer. Es de esos de los que debes alejarte porque todas y cada una de las letras que componen su historia, son pequeñas dagas que se incrustan en tu piel y escarban hasta tus huesos y te arrastran hasta la profunda oscuridad de la locura.
Y también recuerdo que -quise reírme pero no lo hice- ellos dos simplemente miraron a Rafael y luego se miraron el uno a la otra, y suspiraron. Porque estaban aburridos de que Rafael creyera que nadie sabe lo que pasa por su desastrosa mente.
Pero ellos entienden. Ellos entienden muy bien.
Ellos saben que ese hombre de pie frente a ellos, incapaz de derramar otra lágrima, lo único que necesita es alguien que le recuerde que no está solo.
Porque, sí, así de patético puede ser. Y así de magnífico es realmente.
Frutos
Quisiera saber qué tanto tiempo habrá de pasar antes de que uno de mis pequeños vea su forma final y pueda erguirse con sus propias piernas, con sus propias fuerzas, y alzar el rostro para enfrentar el sol.
Es curioso, de todas formas, ver que todos se conglomeran en la puerta de mi mente, amontonados como si en el interior de ese lugar no hubiese aire. Todos quieren salir, y todos saldrán, pero aún no es el momento de nadie.
Aunque a decir verdad, todos han empezado a salir de a poco, de a muy poco.
Tan lentamente. Tan lentamente.
Es curioso, de todas formas, ver que todos se conglomeran en la puerta de mi mente, amontonados como si en el interior de ese lugar no hubiese aire. Todos quieren salir, y todos saldrán, pero aún no es el momento de nadie.
Aunque a decir verdad, todos han empezado a salir de a poco, de a muy poco.
Tan lentamente. Tan lentamente.
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