domingo, 20 de febrero de 2011

Error de concepto

Él no es un hombre poseído por la violencia.
Tampoco es la violencia disfrazada de hombre.
Mucho menos alguien que vive con la violencia en la cabeza todo el tiempo.
Ese hombre... es la violencia misma.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Té de ocho hierbas

Hoy de nuevo tuve una visión, aunque los dos viajeros de antes ya no han aparecido estos días.
Esta vez había un hombre solo, viajaba a través del desierto. Iba cubierto por una gruesa manta de color marrón, el viento soplaba con fuerza y avanzaba apenas mientras la arena trataba de tragárselo. Pero él se negaba a caer en la oscuridad del olvido incluso cuando cayó la noche.
Sacó de uno de sus bolsillos una diminuta botellita de cristal, en cuyo interior había una lucecita flotante de color azul. Destapó la botellita y el punto luminoso escapó raudo para girar cientos de veces por encima de la cabeza del hombre. El suelo bajo sus pies cambió a un color blanco, la arena se volvió roca sólida, el viento se detuvo y de las grietas de la roca blanca brotó un líquido espeso. Este a su vez se volvió cristal, que a la luz de la luna llena de esa noche, brillaba con un fulgor escarlata.
El cristal empezó siendo pequeño, pero en cuestión de pocos minutos creció alto hacia el cielo de forma tan imponente que pronto el hombre no le llegaba ni a la mitad de su altura. El enomre cúmulo se partió a la mitad y tomó formas más refinadas, transformándose en una gigantesca puerta rojiza.

-El camino se forma mientras avanzas. -susurró el hombre-

Abrió la puerta y entró a una espantosa oscuridad. La puerta desapareció con los primeros rayos del sol.

martes, 8 de febrero de 2011

Ura-omote

Hoy ví el rastro que dejó el tiempo al pasar.
Vino a mi encuentro una brisa, diciéndome que hay cosas que deben hacerse, cosas que deben decirse y que no podían esperar.
Cosas que deben ser escritas.
Pero no había mucho por decir, en realidad.
Todo lo que hago es vivir un propósito, uno donde mis manos son a veces plumas entintadas, y otras bolígrafos de punta fina. Mi boca no posee voz propia, y en su lugar es mi sangre la que habla. Sangre negra y viscosa; tinta oscura sin usar.
Mi alma susurra historias de criaturas asomadas al mundo del pensamiento y soy transportada a la brecha entre la histeria y la realidad.
Sobre mi cabeza suenan campanas, y por la ventana esclarece la luz del amanecer, brillando como reflejo de mil diamantes en el sopor de un sueño terminado.

¿Cómo?

Si el día de mañana te convirtieras en una serpiente,
y comenzaras a devorar personas,
y con la misma boca con que los devoraste,
me gritaras "te amo",
¿Sería yo capaz de decirte "te amo"
de la misma forma en que lo hago hoy?

martes, 14 de diciembre de 2010

No es poco, maldición

Erase una vez el techo de una habitación con muchas campanas de viento colgadas por encima de la cama. En la cama había un cojín de animalitos, muy suave y felpudito.
Erase una vez el viento entrando por la ventana, moviendo las campanas de viento, el sonido recorriendo hasta el último rincón de la habitación, y un suspiro que se sobreponía a la absoluta parsimonia del momento
Erase una vez muchas campanas, montones de campanas de viento sonando ante una leve brisa, mientras se escuchaba una carcajada alegre y un murmullo tranquilo.
Hubo un piano, luego un violín, luego una guitarra, una batería, una voz melodiosa, una sonrisa de absoluta paz que era como el cielo, que parecía abarcarlo todo, aceptando todo lo bueno y todo lo malo y no rechazando ni el más asqueroso trozo de oscuridad. Una sonrisa que verdaderamente era como el cielo, una existencia demasiado noble y pura, tan magnánima y poderosa, que al momento en que se extingue, todo lo demás lo sigue a la tumba.

lunes, 13 de diciembre de 2010

En mil años...

En mil años pasaran muchas cosas, o puede que nada pase.
En mil años lograré sacar alas de mariposa de color negro de mis pies, así podré perfeccionar la técnica de la patada voladora, y vamos, hay que admitir que se vería genial, hasta elegante.
En mil años podré usar traje con camiza y gabardina, un sombrero de copa alto y un bastón... yeah
En mil años conseguiré una espada de cristal azul marino, que centellée como el mar en una costa tropical.
En mil años caminaré sobre las pirámides del antiguo egipto y una vez en la cima saltaré para alcanzar las barcas de luz que navegan en la arena.
En mil años dominaré la técnica de la materialización de la niebla.
En mil años crearé un jardín de cristal donde pueda tomar el té mientras mire un ocaso anaranjado y escuche el sonido del viento entre los árboles.
En mil años haré un viaje entre mundos.
Mil años se convertirán en un sueño, el sueño anidará en mi corazón, el corazón se marchitara con el paso del tiempo, el tiempo jamás se acabará, acabará un algo para que otro pueda empezar, empezarán mil años donde pueda soñar y vivir y gritar y reír, y reiré ahora por que los mil años han llegado ya.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Humo en la cara

De nuevo, no saldré con cosas viejas, aún cuando se me han estado amontonando en la espalda, y hacen peso sobre mí, me obligan a encorbarme y aveces logran sacarme una carcajada, pero la mayoría del tiempo son una molestia.
El asunto es que hoy volví a tener una visión, bueno, ya serían seis en el mismo día, lo cual es un hito, antes no pasabamos de las cuatro. Pero no es eso lo que vine a contar.
Sucede que afuera el ocaso está muy resplandeciente y muy naranjo, y una de las nubes parece una mano extendiéndose hacia el sol para sujetarlo, pero eso no tiene nada que ver. Por que lo principal es que volvieron a mí las imagenes de esos chicos en la carretera de tierra, esos que aún pueden mantener una sonrisa verdaderamente sincera aún cuando nunca antes en sus vidas habían estado tan aterrados, y ambos son concientes de la maldición con la que cargan, pero eso no es motivo suficiente para hacer mermar el amor que se tienen mutuamente. Y entonces siguen caminando, ella está más cansada que él, y se dan cuenta de que hace más calor que hasta hace unas pocas horas, que los arboles del bosque están cada vez más viejos, y que el camino dejó de ser de tierra gris y ahora solo son trozos de roca flotante, más adelante hay un acantilado pero hay un puente hecho de ovalos de hielo del tamaño de un plato de comida. Cuando van a cruzar, se levanta la neblina y llueven hojas de papel manchado, se ven borrones y ambos chicos se sujetan de las manos para apresurarse y cruzar el puente, por que más adelante hay un portón de hierro, un portón en verdad viejo, y la noche está por caer. Pero la neblina se había impregnado de sus ropas, y ahora colgaban de estas como pequeños trozos largos, blancos y semitransparentes.
El portón se cierra y ese lado parece un poco más amable que el acantilado, hay mariposas de colores volando por todas partes y algunas sillas viejas repartidas en lo que parece el jardín trasero de una mansión abandonada. Pero ahí hay alguien más, los observa desde unos metros en la lejanía, y se está riendo.